Mi mejor amigo camina con dualidades de diversos colores. Los pasillos de todos mis caminos derriten estas mismas; hay días en que digo "hola", podríamos divertirnos, seguir mi perfume de mujer, inventarme el diastema del amor para finalmente olvidar tu nombre, borrarme de tu mente y disparar con mi pistola de agua que rellené de la piscina de mi patio.
Conmigo se disuelve el espacio y no necesito de tanta droga, lo más probable es que pida tus ojos en mi boca entreabierta, entendiendo ese secreto que no pienso contarte, básicamente porque no lo conozco y me he estado encontrando mucho más allá de todo eso.
Ahora no me permito quedarme en un solo sitio, he prometido deslizar el aturdido sentimiento y lo concreto de toda ambivalencia será conservar la alegría del pasto verde que nuestros cuerpos no conocen. Solemnemente te pediría no invitarme tan seguido a tu casa, es que para mi el paisaje ha venido siendo primordial, no conoces como son los atardeceres entre un espacio escurridizo, oscuro lleno de sonidos verticales.
Cuando aún me encuentro en el tiempo libre buscando un cartel que pueda permitirme entrar, me gustaría equivocarme constantemente y leer todos los carteles que no he podido divisar. Los muchachos de mi época nunca supieron ser lo que han querido, entonces es ahí donde comienza a agradar el espacio, provoco el punto de partida y tal vez podría dejar verme dos días a la semana, para mirarte un rato, recordarte y sonreírte. Aceptando tu compañía esteril a mi silencio eterno de poder contar los finales ya acordado entre nosotros.
Cuando me estoy durmiendo de a poco he podido sentir que me tocas, buscas una palabra que nunca dices y yo desde aquí nunca digo nada.
Mañana bailaré y después también, quizá no con el día viernes que me prometas, quizá sentada y no metida bajo tu brazo izquierdo, pero intentémos.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario