A veces me despierto enojada con todos, solo por esa falta de no tener esto que me apacigua, que me tranquiliza. No he dejado de llenar este vacío del que hablo en casi todos los escritos. Para llenar eso que no sé en concreto que es, no he dejado de hacer, caminar de un lado a otro, hacer y hacer, viajar, decir y hacer. Que todos los días se llenen de más días y de haceres.
Y las pausas son hermosas, son las que me esperan al final del día, me abrigan y dan té. También lo hace así mi madre.
Dentro de todo esto que se llama realidad, hay un secreto, siempre queda entre todas las líneas un pedazo que desconozco y es inevitable meter en estas líneas un entre-líneas.
Cuando viajo sola tengo el secreto de cambiar las posiciones y direcciones, mirar todos los días distinto, porque de no hacerlo, aparece un secreto enfermizo y siniestro llamado rutina.
Desde mi muerte en 2011 he intentado todos los días fracturar ideales, volver a todo eso que fue un inicio sin pretensiones.
Ser desde este vacío grandiosa, desde este gran error y grietas renacer; violentar sin decir mucho, sin saber siquiera lo que quiero, sin creer en nadie.
De día y noche me acompaño y comparto secretos como el querer "extrañar" y "desear", me acompañan sueños inconscientes, a veces no los quiero escuchar, a veces me quieren llevar al error más dulce de todos y me siento profundamente enferma.
Los últimos meses han sido luchas nocturnas con todos mis anhelos, son porfiados y tercos. A veces sólo quiero meterme bajo las sábanas y dejar de desear lo que ya no es y hacerlo con todos esos, donde suelo escapar.
Ahora ya no tenés un pretexto
Una razón que te impida gozar
Pues yo te sueño de noche y de día
Pero de noche te puedo ocultar
Voy a cambiarte por algún cometa
Creo que nadie lo pueda notar
Voy a ponerte en el lugar de la estrella que más brille.


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