Partícula divina de dios que completa la estructura de partículas subatómicas para recrear el big bang y a mi me interesa no repetir una y otra vez más de lo mismo. Si, eso del eterno retorno y la broma :/
N. Goodman en su obra Los lenguajes del arte (Seix Barral, Barcelona, 1975), se refiere a este problema de la semejanza. Afirma que el arte no es copia del mundo real e, irónicamente, agrega que "con este mundo ya tenemos bastante".
N. Goodman en su obra Los lenguajes del arte (Seix Barral, Barcelona, 1975), se refiere a este problema de la semejanza. Afirma que el arte no es copia del mundo real e, irónicamente, agrega que "con este mundo ya tenemos bastante".
A su juicio, la idea de la representación se puede formular de la siguiente manera: A representa a B en la medida en que A se asemeja a B. Pero la semejanza es simétrica: A se asemeja a B como B se asemeja a A. Sin embargo, mientras que una pintura puede representar al Duque de Wellington, el duque no representa a la pintura. La semejanza no es, pues, condición suficiente de la representación. Si lo que se pretende es obtener un cuadro fiel, habría que copiar lo más exactamente posible el objeto tal cual es. Pero esta afirmación, a juicio de Goodman, es desconcertante: el objeto que está delante de mí es, a la vez, un hombre, un complejo de células, un amigo, un alumno y muchas cosas más. Y se pregunta: ¿cuál de ellas constituye el objeto tal cual es? Todas son modos de ser del objeto. Es imposible copiarlas todas a la vez.
Luego, según parece, lo que se debe copiar es uno de aquellos aspectos, uno de los modos de ser o parecer del objeto. Pero no uno cualquiera al azar, sino más bien, hay que suponer, tal como lo vería un ojo normal, a una distancia adecuada, desde un ángulo favorable, bajo una luz conveniente, sin instrumento alguno, sin prejuicios derivados del afecto, el interés o la animosidad, sin que interpretación alguna lo modifique. En resumen, hay que copiar el objeto tal como lo vería, en condiciones asépticas, un ojo libre e inocente. Y aquí está la trampa- según Goodman- porque tal ojo inocente no existe.
El ojo no funciona como un instrumento autónomo, sino que como miembro de un organismo complejo. No sólo el cómo sino que también el qué está regulado por la necesidad y el prejuicio. El ojo selecciona, rechaza, organiza, discrimina, asocia, clasifica, analiza, construye. No actúa como un espejo que, tal como capta, refleja.
Lo que capta ya no lo ve tal cual, como datos sin atributo alguno, sino que como cosas, alimentos, gente, amigos, competidores, instrumentos, etc. Nada se ve desnudo o desnudamente.
Concluye el autor diciendo que la idea del ojo inocente y el dato absoluto son cómplices. Lo que ocurre es que tanto la captación como la interpretación no son operaciones separables; son interdependientes. No obstante, hará bien en insistir en la inocencia del ojo. El esfuerzo lo liberaría, a veces, de los gastados esquemas de la visión cotidiana, proporcionándole una penetración nueva.
Concluye el autor diciendo que la idea del ojo inocente y el dato absoluto son cómplices. Lo que ocurre es que tanto la captación como la interpretación no son operaciones separables; son interdependientes. No obstante, hará bien en insistir en la inocencia del ojo. El esfuerzo lo liberaría, a veces, de los gastados esquemas de la visión cotidiana, proporcionándole una penetración nueva.
Ivelic, M. (1973). Curso de estética general. Chile: Editorial Universitaria.


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