A Catrileo lo mataron por la espalda. A Lemún lo balearon indefenso. A Huenante, de 16 años y desaparecido desde 2005 aún no lo entregan. A Cariqueo lo mataron a golpes en una comisaría. A Mendoza Collío lo mataron por retomar su terreno. Todos sin culpables. Pero hay que llamarse Luchsinger para que importe, para que duela y conmueva. Y para que hablemos de “exceso” y “terrorismo”.
Nadie dijo que en la búsqueda de la felicidad y el bienestar, no se derramaría sangre. Por eso a nadie le gusta ciertas palabras, lucha, revolución.
La justicia jamás ha sido una prolongación directamente proporcional al dictamen de leyes, en el hacer justicia no hay que olvidar que hay lucha y no se pasa bien, aquí yo quiero ver quien pierde
"No creo en nada, no temo a nada pero el corazón cambia"
viernes, 4 de enero de 2013
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