Llegué a mi casa fea, el calor es un arpía más del contexto. Cuando un pequeño punto de pobres desencuentros se entregan al cerrar la puerta de entrada, ver hombres, ver una causa perdida.
Preferí escapar al colchón incómodo, al velador soleado, una corredera perspicaz de inconstante palabrería. Me dormí así finalmente, topé el guión y me encontré con esta realidad... Cansada desde el inconsciente, decidí llamarte desde un teléfono que salió de la pared, al lado o reemplazando derechamente el interruptor.
Marqué, anteponiendo el 2, y corté como unas tres veces, cuando contestaste fue otra voz definitivamente, los sueños no pueden ser exactos de la realidad, era una voz de niña-niño de 13 años.
En fin, eso era lo que yo hubiese optado en vez de llegar a casa, de mirar las caras. Preferiría llamarte y encontrarme contigo, pero me asusto hasta dentro del sueño porque básicamente desde la crueldad de tus palabras mis deseos estarían más cercanos al goce.
"No creo en nada, no temo a nada pero el corazón cambia"
jueves, 3 de enero de 2013
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